jueves, 26 de abril de 2007

26.04.07 * ALAS... DE ANGEL.*





“Todas las utopías se harán realidad sólo cuando tengamos alas y toda la gente se convierta en Ángeles.”


Fëdor Dostoievski.



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¿Cuántas veces has escuchado que en determinado momento alguien te diga “eres una Ángel“? O, ¿Cuántas veces has sido tú quien lo ha dicho?

En el post pasado hablábamos de los Arcángeles y Ángeles, esos Seres alados maravillosos que son nuestros amados compañeros celestiales siempre dispuestos a ayudarnos con sólo invocarlos.

Esos Seres de Luz son mágicos. Sin embargo hay otros “ángeles” no etéreos , más materiales y también los encontramos a cada momento.

Me refiero a esos seres humanos de carne y hueso que acuden en nuestra ayuda o aparecen en determinadas circunstancias para tendernos su mano en el momento en que más los necesitamos.

A veces son personas cercanas o conocidas. Nuestros padres, hermanos, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, etc. , muchas veces han actuado como nuestros ángeles. Pero no son los únicos, ¿cuántas veces algún desconocido a veces aparecido de la nada nos ha sacado de un problema?

En algún momento todos nos hemos convertido en ángeles de los demás. Y yo estoy segura que DIOS nos envía a determinado lugar en cierto momento para que podamos trabajar para Él. Hay muchas historias que lo comprueban y yo quiero compartir una con ustedes…

Una vez un amigo me contó un evento que vivió en Nueva York hace como 2 años. Es referente a un norteamericano a quien llamaremos John...

John vivía en otro estado y había ido de viaje de negocios a Nueva York. El último día, nunca supo si dejó la cartera con el celular en algún lado o si se los robaron, pero se vio de noche, en medio de la lluvia, sin dinero, ni tarjetas de crédito.

Necesitaba comprar su boleto del tren que costaba 39 dólares para volver a su hogar . Pasó toda la tarde pidiéndole a todo aquel que encontraba a su paso le diera un dólar. John pensaba que si 39 personas le daban un dólar podría volver a casa. Pero no fue así, pasaron las horas y nadie le quiso dar nada.

Tal vez al verlo bien vestido y con maleta en mano la gente pensaba que era un engaño o que no lo necesitaba.

Pasaba el tiempo y estaba ya cansado. Si las cosas seguían así perdería la posibilidad de volver esa noche a su casa y lo peor era que no tenía donde quedarse a pasar la noche.

La lluvia era cada vez más fuerte y John ya estaba hecho una sopa. De repente se encontró a unos mexicanos que estaban encantados caminando bajo la lluvia. Venían caminando después de ir a un cajero en una farmacia, muertos de risa de la empapada que se estaban dando.

Detuvo a uno de ellos, le contó lo que le había pasado y le pidió un dólar. Él no traía efectivo alguno. Entonces sus amigos se regresaron a ver lo que pasaba y John les contó su historia. Una de ellas le preguntó la cantidad total del costo del boleto. El le dijo 39 dólares. Ella abrió su cartera y le dio 40.

John no podía creer lo que veía. Le había pedido a más de 100 compatriotas un dólar y nadie lo ayudó y una extranjera, de buenas a primeras, le abrió su corazón y su cartera resolviéndole el problema.

John empezó a a llorar de agradecimiento y prometió regresarlo, lo cual ella no aceptó. Era un regalo de buena voluntad esperando llegara bien a casa.

John abrazó a todos y dijo ser muy afortunado de haber conocido ángeles mexicanos. Se despidieron y no se volvieron a ver jamás.

Mi amigo me platicó que más bien John había sido un ángel para ellos porque les permitió voltear a alguien que en ese momento pasaba un mal rato y no encontraba como resolver. Se convirtió en un ángel al enseñarles una historia de fe, una lección de vida. John nunca se derrotó, no perdió la fe y DIOS lo compensó.

Y les voy a decir la razón. Mi amigo me platicó que la niña que le dio el dinero no traía efectivo y de repente les dijo que quería ir a un cajero para sacar unos 30 dólares que aunque no los necesitaba para nada en especial, era por si e ofrecía. Entraron a la farmacia.

Al intentar sacar los 30 dólares del cajero, no pudo porque apareció un letrero que decía “sólo múltiplos de 20”. Su prima le dijo . “Pues saca 20” y ella le contestó, “que sean 40”.

Los metió a su cartera y 3 cuadras más tarde, sucedió lo que ya es historia.
Ella sólo se concretó a decir, “ Fue como si lo hubiera sacado para él, no podía quedar en otras manos”.

Ese evento cambio la vida de todos los involucrados quienes a la fecha lo recuerdan.

Historias como estas hay muchas, pero esta en especial me recordó una frase que me encanta… “DIOS HACE CAMINOS DONDE NO HAY CAMINOS.”

John tuvo fe en que obtendría el dinero que necesitaba y aunque su plan aparentemente falló, finalmente logró llegar a dormir con su familia.

DIOS abrió un camino a través de la chica mexicana, la que en ese momento se convirtió en un ángel para un hombre cuyo nombre desconoce.

Esta historia me encanta porque me da la certeza de que todos podemos tener alas y ser ángeles para los demás si nos lo proponemos. Es muy fácil ser un angelito para nuestros seres queridos.

Pero ¿qué pasa cuando son desconocidos o a los que mucha gente les llama “sus enemigos?

Cuando alguien tiene un problema, le gustaría recibir ayuda sin importar de donde o de quién venga. Nosotros podemos convertirnos en esa ayuda en el momento en que nos lo pidan.

Platicando sobre esto, Sonia, de quien platicamos anteriormente me decían “¿Y si te están engañando?

Yo le contesten “mira Sonia, yo no puedo saber si me están diciendo la verdad o no. Lo importante no es si me engañan o no. Lo importante es que yo haga mi parte en eso y lo que hagan con mi ayuda, ya no es cosa mía.”

No es difícil ayudar a los demás. No es difícil tender nuestra mano cuando alguien se ha caído o la necesita.

Todos somos uno y todos en algún momento de nuestra vida necesitamos de los demás y así como nos gustaría encontrar una mano amigo, podemos ofrecer la nuestra.

No importa si es alguien amado, cercano, desconocido, o hasta enemigo. No importa si los sentimientos a esa persona no son los más agradables.

Finalmente ayudar a los demás, si lo hacemos de corazón es un ACTO DE AMOR y los actos de AMOR NO se condicionan, simplemente se dan.

Muchas veces ser un angelito para los demás nos implica un mínimo de esfuerzo pero podemos hacer la diferencia al cambiar la situación de quien nos necesita. Esa ayuda tal vez pequeña ante nuestros ojos , se convierte en todo un mundo o en algo tan grande que le cambie o en ocasiones hasta le salve la vida.

Podemos convertirnos en ángeles para los demás con una palabra, una mirada, un simple gesto, una caricia, un beso, una mano en el momento indicado, una acción o sólo estar.

Todo lo que hagamos para los demás hagámoslo con AMOR, no importa lo que sea o lo intrascendente que parezca, el hacerlo con y por AMOR es lo que hará la diferencia.
El AMOR es esas alas de que nos habla Fëdor Dostoievski. El AMOR nos da
alas para servir y ayudar a los demás. El AMOR hace Milagros y nos convierte en Ángeles.
Hay Ángeles etéreos, invisibles amigos celestiales y otros de carne y hueso que harán magia en nuestra vida si se los permitimos, porque...

“Los Ángeles -aunque están siempre presentes- se hacen notar sólo aquellos que creen en su existencia.”

Paulo Coelho en “Las Walkirias.”


Y tú, ¿Crees en que hay ángeles de carne y hueso cerca de ti? , ¿tienes alguna historia en que alguien se haya convertido en ángel para ti? ¿Te gusta ayudar a todos por igual o lo haces a sólo unos cuantos?

¡¡¡Gracias, Gracias, Gracias por estar aquí!!!


CON AMOR,
*^Â^*

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